Las fuerzas griegas estaban comandadas por Leónidas, uno de los
dos reyes de Esparta, que llegó con los 300 “hipeis” de la Guardia
Real, dice Heródoto que los había elegido entre los que
tenían hijos varones, para que no se acabara la familia en caso
de muerte, esto nos hace pensar que tenían bastante claro lo que
iba a suceder, ya que el acceso a la Guardia Real estaba estrictamente
reglamentado, también es de destacar el pequeño número
de espartiatas enviados, posiblemente porque temían que si desplazaban
al ejército lejos, hubiera una revuelta de los ilotas, además
de éstos 300 estaban en el paso, 500 de Tegea y 500 de Mantinea,
120 de Orcómeno y 1000 hoplitas del resto de Arcadia, 400 de Corinto,
200 de Fliunte y 80 de Micenas, 700 Tespieos y 400 Tebanos, además
todos los Locros y 1000 Focenses, a los espartiatas se les deberían
sumar unos 600 más entre ilotas y periecos, que iban como ayudantes
de cada hoplita, con lo que realmente estaríamos hablando de alrededor
de 7000 griegos. Una vez en el desfiladero se enteraron por los traquinios de la existencia de la senda Anopea, que comenzaba en el río Asopo y permitía rodear el paso dejando a la derecha el monte Eta, Leónidas envió a los Locros a custodiar el principio de la senda y posicionó a los Focenses en el punto más alto de esta ruta, para prevenir un posible ataque por la retaguardia. Cuando llegó Jerjes a las proximidades de las Termópilas, se enteró de que un reducido grupo de soldados a cuyo frente estaban los Lacedemonios y concretamente Leónidas que se decía era descendiente de Heracles, envió un jinete para que viera cuántos eran , el jinete no pudo ver mucho debido al muro que tapaba una parte del campamento, pero los que estaban fuera se dedicaban a hacer ejercicios atléticos y a peinarse el cabello, esto para los espartanos era una manera habitual de purificar el cuerpo antes de entrar en combate, para que éste estuviera en consonancia con el espíritu, ajeno al materialismo terrestre. El jinete contó a Jerjes lo que había visto, pero no lo tomó en serio, ya que no podía pensar que se estuvieran preparando para morir en combate. Creyendo que al saber que estaba allí con un gran ejército los griegos huirían, esperó tres días, posiblemente el retraso se debió a la tormenta que había en la zona y que impedía actuar en coordinación al ejército con la flota, pero viendo que seguían igual y dando muestras de altanería, bajo su punto de vista, lanzó a los Medos y Cisios contra el paso, con la orden de apresarlos y llevarlos vivos a su presencia, pero el ataque causó numerosas bajas, pese a que los medos no se retiraban y sustituían a los caídos con nuevos soldados, al final del día tuvieron que retirarse sin haber avanzado nada, eso le hizo decir a Jerjes que tenía muchos “hombres pero pocos soldados”, los griegos tenían una mejor instrucción militar que los persas, el armamento griego era notablemente superior, tanto ofensiva como defensivamente, las falanges maniobraban muy bien en la parte ancha del paso mientras que los persas en la estrecha no podían hacer actuar a sus arqueros, además cuando las falanges avanzaban, los caídos eran recogidos, mientras que los persas tenían que atacar por encima de los cuerpos de sus compañeros, lo que les desmoralizaba aún más, Heródoto lo simplifica diciendo que las lanzas griegas eran más largas que las persas, pero las griegas tenían una longitud aproximada de 2 mts. y las representadas en los frisos de Susa tienen una longitud similar, el equipo del hoplita era casco, coraza, grebas y escudo de bronce, mientras que la mayoría de los persas llevaban gorros de fieltro, unas túnicas con escamas de hierro como corazas, una especie de bombachos para proteger las piernas y los escudos de mimbres.
Después de la retirada de los Medos, atacaron los Inmortales,
llamados así porque eran una fuerza de 10.000 hombres, de los cuales
si alguno caía, por muerte o enfermedad, era reemplazado inmediatamente,
manteniéndo siempre el número. No les fue mejor que a los
otros y tuvieron que retirarse con grandes pérdidas. El segundo
día atacaron los persas convencidos de que estarían agotados
los griegos por los combates anteriores, pero éstos estaban formados
por nacionalidades y combatieron cada uno en su puesto, provocando otra
dura derrota a los persas que tuvieron que volver a retirarse. Los griegos que estaban en el desfiladero, se enteraron del avance persa por unos desertores cuando aún era de noche, esto provocó que unos optaran por retirarse y otros por quedarse con Leónidas, aquí tenemos algunas versiones, una es que se envió a un contingente a parar a los Inmortales, y que al haber fracasado no ha quedado tradición, la otra es que Leónidas viendo que no había posibilidades de victoria, dejó ir a los griegos, él y los Lacedemonios por honor y manera de ser, no podían retirarse de la posición que habían ido a defender, sólo obligó a quedarse a los tebanos, ya que los tenía en calidad de rehenes, pensando que si los obligaba a combatir forzaría a que Tebas no se pasara al bando persa, aunque también es posible que Heródoto siga una tradición antitebana de origen ateniense, ya que según Diodoro, Tebas envió una fuerza a las Termópilas, reclutada entre ciudadanos contrarios a los dirigentes de la ciudad y favorables a la causa griega. Siguiendo con Heródoto, sólo los Tespieos se negaron a abandonar a Leónidas, permaneciendo en el paso y muriendo junto a los Espartanos. Cuando Jerjes calculó que ya habrían rodeado el paso,
“a la hora que el ágora está concurrida”, entre las 9 y
las 11, mandó el ataque, los griegos que sabían que iban
a morir no se preocuparon de combatir en las zonas más estrechas,
ya que no hacía falta defender el muro, atacaron hasta que se quedaron
sin lanzas, luego siguieron luchando con las espadas, fue entonces cuando
cayó Leónidas, el combate siguió hasta que aparecieron
los persas que habían rodeado la montaña, entonces los griegos
se retiraron junto al muro y se posicionaron en la colina juntos los Espartiatas
y los Tespieos hasta que fueron aniquilados, los Tebanos (según
Heródoto) cuando vieron que la situación era favorable a
los persas se rindieron, aunque Jerjes ordenó marcarlos como esclavos. Luego de la batalla, Jerjes paseó entre los cadáveres y ordenó que al de Leónidas le cortaran la cabeza y la clavaran en un palo. Los griegos fueron enterrados allí donde cayeron y sobre su tumba se puso la inscripción “Aquí lucharon cierto día, contra tres millones, cuatro mil hombres del Peloponeso”, esta era para la totalidad de los caídos, para los Espartanos se les puso otra que decía “Caminante, informa a los Lacedemonios, que aquí yacemos obedeciendo sus leyes”. Uno de los más destacados en el combate fue el Lacedemonio Diéneces, a quién le comentó un Traquinio poco antes de empezar la lucha, que cuando los persas disparaban sus arcos, tapaban el sol, debido a la gran cantidad de flechas que lanzaban, le respondió el Espartiata “Mejor, así combatiremos a la sombra”. Después de la derrota en el paso, la flota griega se retiró y evacuó a la población de Atenas, a las islas de Egina y Salamina, ese mismo mes, los persas tomaron Atenas y Jerjes mandó destruirla, el 28 de Septiembre del 480, un mes justo después de la batalla de las Termópilas, los 378 navíos griegos vencieron a los persas en los estrechos de Salamina , la flota de Jerjes tuvo que retirarse a Asia y el ejército se retiró a Tesalia, al año siguiente los espartanos se desquitaron en la batalla de Platea, que puso fin al expansionismo europeo del Imperio Persa. Bibliografía.-
© Fernando Boan Montenegro. Julio 2004
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